Deberías ser más legible, no sé, solo algo menos incompensable e incomprensible. Deberías de paso, besarme a diario, y dedicarme los prólogos de tu día siguiente, y que preferiblemente, la protagonista de éste sea seguidamente yo. 
Deberías dejar de ser tan bruscamente mezquina, y que simple fuera tu temperamento. Deberías desnudarte sin enrojecer tus mejillas cuando tus caderas se ajustan tan al perfecto con las las mías. No sé, tal vez y sería más sencillo todo, si fueras menos libertina, más honoraria.

¿Considerarías seguir mi ideal de mujer perfecta? Lucir tu sonrisa de hechizos silvestres al público presente, en el escenario privado de mi presencia, en las silleterías ocupadas solo POR MÍ. En cambio, prefieres regalar deliberadamente tu sonrisa de auges y torrentes de vida, a la burda sencillez de una flor en botón, a un cachorro enfermo o a una brisa cálida.

Deberías considerar tu mandato ante mi mundo, y obrar acordemente ante las pautas de la vida, la de un alma tranquila y erguida por Dios. 
Pero en cambio, inclinas tu cabeza ante el peligro de ser infeliz, de una vida fuera de lo cotidiano, ante lo incierto. Niegas valientemente la sensación de conformidad y el estigma de santidad.
Juegas con tus habilidades de niña, aunque ni reconozcas el potencial que puedes alcanzar ante mí.

Amas divertida, vives en silencio, luchas a gritos. Ese hecho, mujer, esa principal concepción tuya de ser tú, es la culminación arrepentida del modo en que he vivido, y de los sueños que sencillamente no he con fuerza soñado. En cambio, tú, mujer. Siendo solo tuya, y tu temple al negarte a lo impuesto, es lo que me aferra a este mundo, lo que más me gusta de de ti.

Deberías de ser mía.

24.Feb.14 1 month ago
19.Feb.14 1 month ago